Como es bien sabido, a raíz del último
aumento salarial decretado por el ejecutivo nacional en recientes fechas, esto
no solo trajo a los trabajadores un mayor ingreso a sus bolsillos, lo cual no
necesariamente trae consigo un mayor poder adquisitivo para el venezolano en
general, ya que esto entra en un círculo vicioso de aumento de sueldos, aumento
de costos de producción, aumento de precios y pare usted de contar.
Estos aumentos salariales conllevan
a su vez, un incremento cada vez más considerable en la carga tributaria que
deben soportar los contribuyentes de los distintos impuestos, tasas y contribuciones
que, en teoría, deberían soportar los gastos realizados por el poder público en
aras de mejorar la calidad de vida de los venezolanos, sin embargo, en los últimos
años, se ha visto como el ejecutivo nacional, entre leyes habilitantes y
decretos de emergencia, han venido golpeando cada vez más las ya golpeadas finanzas
de las empresas.
Entre estos golpes vemos los
altos costos de producción que elevan los precios, y, debido al bajo poder
adquisitivo del venezolano de a pie, disminuye las ventas de bienes y servicios
en el país, y si esto pareciera poco, el difícil y casi nulo acceso a las
divisas de manera legal disminuye cada vez más ofrecer mejores productos y
servicios.
Muchos se preguntaran que tiene
que ver la adquisición de divisas en todo esto, pues déjenme decirles que,
Venezuela, aun cuanto es un país maravilloso (aunque mal gobernado) rico en múltiples
recursos naturales, no es capaz de producir todas las materias primas
necesarias para cubrir las necesidades de la industria y así obtener ese tan
deseado “Hecho en Venezuela”, eso sin contar con la corrupción y burocracia que
conlleva el solicitar divisas por vías regulares o adquirirlas por “otros”
medios conocidos.
En fin, a los que nos trae todo
este análisis, es que el incremento considerable de los tributos que deben
pagar los contribuyentes, ha traído como consecuencia el cierre de empresas al
encontrarse en la disyuntiva, me endeudo más, aumento los precios (arriesgando
que el gobierno me acuse de especulador) o cierro las puertas antes de seguir
perdiendo y arriesgando más mi legado familiar. Pues bien, muchas empresas han decidido
minimizar las perdidas y cerrar las puertas ante esta recia arremetida del
estado en subsanar sus errores en política económica a costas de que los
contribuyentes paguen más, aun sin tener como hacerlo.
Y antes de que me digan que en
otros países se pagan más impuestos que en Venezuela, les digo, es cierto, hay países
en los que la parte tributaria es tan delicada, que existen policías especializadas
en el área y hasta penas de cárcel a quien evada las leyes, sin embargo les
digo, que en esos países, el estado promociona y estimula la producción dándole
estabilidad jurídica, libertad de producción, libertad para que sea el mercado
el que establezca el precio de venta de un producto determinado, esto sin menoscabo
de los beneficios, gastos e inversiones sociales que deben realizar.
Yo en lo particular, no me gusta
compararme con países como los Estados Unidos, Alemania, y esos otros países de
Europa que están desarrollados, me comparo con nuestros vecinos y hermanos de
Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Argentina, que a pesar de que también
han transitado grandes crisis económicas y han sido superadas gracias a la unión
Estado – Empresas – Trabajadores y no mediante medidas restrictivas tan recias
y largas como las que ineficazmente han establecido el gobierno venezolano.
Países como Argentina, cuyo
control de cambio más largo, ha durado casi tres años, pasó corralitos
financieros, y hoy día es un país referencia
económica de un país en vías al desarrollo, aun viniendo de gobiernos “socialistas”
y polémicos como el de los Kirchner. Países
como Perú, que llego a tener inflaciones de cuatro dígitos, y hoy es un país solvente
en la comunidad de naciones del sur, sin hablar del resurgir de la economía boliviana,
la cual, gracias a las dadivas dadas por Venezuela, aprovecho los recursos y
hoy presenta una economía estable, eso sin hablar de Chile, Ecuador y Uruguay
que poseen economías desarrolladas.
Caso aparte, Ecuador después que
el entonces ministro de finanzas (Actual presidente de la Republica)
recomendara la dolarización de la moneda Ecuatoriana, le tienen miedo ya que no
controlan el valor de la moneda y no pueden hacer lo que les da la gana con
ella, el padre de la criatura ahora odia la situación del dólar? Bueno, ese es
otro tema.
En el caso venezolano, un aumento
de sueldo conlleva a un aumento en la carga tributaria de los contribuyentes,
debido a que esto origina mayor pago de contribuciones (valga la redundancia)
laborales como Seguro Social, Inces, FAOV entre otros gastos laborales como
Vacaciones, Prestaciones Sociales, Utilidades, etc., que requieren la erogación
de más efectivo que las empresas en muchos casos no tienen y por lo que en
algunos casos recurren a financiamientos.
Estos son tributos que van en proporción
al sueldo, es decir, a mayor sueldo mayor es el pago que debe hacer el empresario
al ente gubernamental, a esto le podemos adicionar que el gobierno, a través de
leyes habilitantes, perjudico a los llamados “contribuyentes especiales” al no
dejarlos utilizar el ajuste por los efectos de la inflación, y así proteger un
poco los activos de la empresa ante este flagelo que ha sometido cada vez más
fuerte la economía venezolana (sin entrar en polémica de quien lo origina).
No obstante, a este grupo de
contribuyentes, se les aumento la alícuota o tarifa a pagar por concepto de
impuesto sobre la renta a 40%, y por si fuera poco se le instauro otro tributo
llamado “Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras” que grava todas las
transacciones de la empresa, ya sean a través de la banca o en efectivo, y para
más impacto económico, no es compensable como gasto en el Impuesto Sobre La Renta.
Esto sin contar los otros
tributos que estos contribuyentes deben soportar, como los aportes al FONACIT,
FONA, FND, Impuestos Municipales a las Actividades Económicas, Publicidad, Vehículos,
Impuestos Estadales, y muchos otros característicos y dependientes de la
actividad que desarrolle, que si bien es cierto, individualmente no son confiscatorios
del rendimiento de la empresa, en su conjunto, es decir, la totalidad de la
carga tributaria del contribuyente, no solo confiscan la rentabilidad neta de
la empresa sino que en algunos casos hacen un efecto de endeudamiento para
poder cumplir con ellos y no ser sometidos a sanciones cada vez más rigurosas y
restrictivas.
Todo esto, aunado a la cada vez
mayor disminución de beneficios fiscales, no permite sopesar el gran impacto económico
que este representa en las finanzas de las empresas y por consiguiente trae
como consecuencia que estos agentes económicos minimicen su capacidad de
contratar nuevo personal, logrando en algunos casos que reduzcan su nómina para
sobrevivir, cierren sus puertas y que las que sobrevivan no permita remunerar
de una manera más estimulante a sus trabajadores.
Si bien es cierto, este círculo
vicioso tiene solución, que es estimular la producción nacional, dando
incentivos al empresario y beneficios fiscales que hagan atractiva a Venezuela
como país para invertir, minimizar o flexibilizar el recio control que el Estado
ha instaurado, no es menos cierto que esto se lograra con una voluntad política
de parte del gobierno – empresariado – trabajadores, y así poder salir a flote
de esta espiral económica descendente en la que nos encontramos sumergidos,
pues mientras los entes políticos se debaten y pelean la culpa, son las
empresas y los trabajadores los que cargan con el peso de los errores cometidos.
No es incrementando los impuestos
y los controles que se recauda más, pues recordemos que mientras más recios son
los controles, mayor sea el incremento de los tributos, mas son las empresas
que se verán forzadas a cerrar, aunque tengan el corazón más patriota del
mundo, pues no tendrán dinero con que soportar los embates de esta situación,
lo que traerá como consecuencia menos empresas a tributar y por ende menos recaudación,
hay que ponerlas a producir más, pero no a la fuerza, sino estimulándolas con
beneficios que hagan atractivo el querer incrementar producciones, nóminas y
salarios y así poder recaudar más dinero para las arcas del Tesoro Nacional.
Lcdo. Esp. Gustavo Adolfo Pinheiro Barbosa
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